EL RETO DE LA ESCRITURA

Supongamos que quieres escribir. Aún no sabes muy bien qué. ¿Un relato? ¿Un poema? ¿Una escena teatral? ¿Una carta? Tal vez no visualizas la forma final que podría adoptar ese conjunto de palabras, que deseas disponer con un cierto sentido para plasmar una idea. Pero sientes la pulsión de escribir, de narrar, de contar algo, y no sabes muy bien cómo empezar.

Te propongo un reto.

Sentir las ganas de escribir pone en marcha un mecanismo interno, que te predispone a favor de realizar la acción. Es una llamada que merece respuesta, y que es fácil dejar pasar por no atreverse a dar el primer paso (o por no saber cómo darlo). Creo que, a veces, lo que puede llegar a apabullar es la inseguridad que produce carecer de conocimientos teóricos. Sin embargo, aunque la teoría es importante, no lo es más que la práctica.

A escribir se aprende escribiendo, y por supuesto leyendo, pero no manuales ni retahílas intelectuales que analizan hasta la extenuación, que te dictan los pasos a seguir para conseguir un cierto género con un estilo concreto, que te imponen un listado de errores a evitar, o que distinguen categóricamente lo que es válido de lo que no. En mi experiencia bloquean más que motivan. Es una pena que ese impulso primigenio quede sepultado bajo una montaña de conocimientos, que nos preocupa mucho atesorar, pero que no llegan a actuar como un motor para comenzar a escribir.

Lo diré de otro modo. Existen razones biológicas y mecánicas que hacen que el ser humano camine. La ciencia explica cómo se produce ese desplazamiento. Pero tú dando un paseo por el parque o bajando las escaleras para ir a comprar el pan no tienes presente esos mecanismos. Lo más normal es que los desconozcas y no por ello no camines. No necesitas saber los nombres de los músculos que intervienen ni las reacciones químicas que suceden en tus células. Caminas, sin más. Yo te invito, te reto a que escribas, sin más.

Y si puede ser a mano, mejor. ¿Por qué?

Imagen de Pexels en Pixabay

BENEFICIOS DE LA ESCRITURA A MANO

1) NEUROLÓGICOS. Gimnasia para tu cerebro.

El hecho de sentarte y escribir sobre un papel hace que fortalezcas tu atención. Favorece el desarrollo cognitivo, estimulando áreas cerebrales involucradas en el pensamiento, el lenguaje y la memoria. A nivel motriz, resulta un ejercicio fantástico para mejorar la coordinación.

2) EMOCIONALES. La terapia en casa.

Reduce el estrés porque nos permite estar en el “aquí y ahora”. Otorgarnos ese momento de pausa y concentración, nos conecta con nuestro ser profundo y rebaja los niveles de cortisol. Además, la palabra escrita propone caminos para transformar emociones y superar el dolor. Poner nombre a todo eso que te inquieta ayuda a tomar distancia, observarlo y, con suerte (trabajo y paciencia), sublimarlo.

3) CREATIVOS. Alas para el arte que llevas dentro.

El papel otorga una libertad espacial que te permite generar ideas rápido, tacharlas, garabatear, dibujar en los márgenes… Todo esto favorece el pensamiento divergente (no lineal) que te lleva a lugares que de otro modo no explorarías. Contra lo que se pueda creer, la resistencia física que ejerce la hoja sobre la punta del bolígrafo, es una barrera que al superar actúa de chispa para la creatividad.

En estos tiempos en los que nos sometemos tanto a pantallas y teclados, y en los que sucumbimos por cierta pereza a tecnologías que prometen hacernos la vida más fácil, se hace más necesario que nunca mantener en forma nuestro cuerpo y mente (que son uno, ya lo sabemos).

Está bien cuestionarse si no nos estaremos poniendo algo “fofos” intelectual, emocional y creativamente hablando. Que una IA pueda facilitarnos tareas de la vida cotidiana está muy bien, pero la reflexión, el diálogo interno y la gestión de nuestro bienestar, pasan también por responsabilizarnos y tomarnos un tiempo, sentarnos en silencio, coger pluma y papel, y dejar fluir los pensamientos y con ellos los trazo sobre la hoja. Lejos de lo que creemos a veces, tal vez por temor a desenterrar malestares, que acallamos embotándonos consumiendo contenidos y lanzando mensajes muy rápido, escribir calma, ordena, transforma, equilibra y, por supuesto, es susceptible de crear belleza. Quizás sea el momento de ponerse a ello.

De paso, podremos ampliar esta frase de Gianni Rodari que tanto me gusta:

“[…] a quien cree en la necesidad de que la imaginación ocupe un lugar en la educación; a quien tiene confianza en la creatividad […]; a quien conoce el valor de liberación que puede tener la palabra. No para que todos sean artistas, sino para que nadie sea esclavo.”

Gianni Rodari

A lo que yo le añadiría: “Y para que estemos todos y todas sanos.”

¡Presta atención a este blog que iré subiendo material!

Si lo que prefieres es organizar un taller en tu centro, asociación, etc. no lo dudes y…

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CAPÍTULO I: ¿TE PUEDO LLAMAR?