CAPÍTULO I: ¿TE PUEDO LLAMAR?

MI REFLEXIÓN SOBRE EL TEMA TRATADO EN EL PRIMER CAPÍTULO DEL PODCAST “EL NUDO GORDIANO” GRABADO EN DIRECTO EN LA FUNDACIÓN EUGENIO DE LA TORRE (VÉLEZ MÁLAGA)

Confieso que he tenido problemas para escribir algo cómico respecto a este tema, porque recibir este tipo de mensaje de alguien que me importa, me produce cierta compasión. Yo al menos me doy pena cuando se lo escribo a alguien con quien quiero y necesito hablar.

La compasión es la muerte de la comedia. Esto no lo digo yo, ya lo dijo el filósofo Henry Bergson: “La risa requiere un distanciamiento emocional, ya que la compasión y la tristeza impiden percibir lo cómico”.

Así que con el ánimo de documentarme y generar texto para este bonito acontecimiento social, practiqué el bello arte de llamar sin pedir permiso. Tiré de agenda y decidí llamar a mi mejor amiga y ¿sabéis qué? Que me colgó. Y yo sin un plan B, porque el número de amistades que tengo en mi haber asciende a la simpática suma de: inserte aquí un número decimal que empiece por cero coma. ¡No sintáis compasión por mí que si no, no os reís! A lo que voy. Este resultado numérico puede que tenga algo que ver con el hecho de haber perdido la buena costumbre de agarrar el teléfono y llamar, sin más pretensión que echar un rato de charla y preguntar con interés genuino “¿qué tal estás?”, y escuchar la respuesta para decir sin hablar “estoy aquí”.

Probé, no obstante, otro ejercicio. Me propuse tener preparada una respuesta convincente para la siguiente persona que volviera a escribirme un “te puedo llamar”, una frase de la cosecha de la autoayuda, un querer es poder, que siempre queda bien. Al fin, recibí el esperado mensaje y, no sé si por los nervios o por el tiempo de inactividad de comunicación tradicional, contesté un lacónico: “No sé, ¿puedes?”. La persona me dejó en visto y no he vuelto a saber de ella.

Comprendo que a veces puede dar cierta pereza recibir las típicas respuestas de “coach”, ese discurso cargado de restos de frases de vídeos motivacionales que engullimos a diario, un refrito de máximas precocinadas y servidas a lo fast food y que, como este tipo de comida, cuesta digerir, te recalienta el cerebro y no nutre.

Lo noto. Estoy fofa telefónicamente hablando, así que he decidido cambiar la dieta y hacer ejercicio, que es lo que se recomienda en estos casos. He comenzado trabajando los músculos, en concreto los del brazo, para conseguir levantar el teléfono y llevarlo hacia mi oreja sin lastimarme. ¡Oye! ¡Que no son pocos! El deltoides para elevarlo, el bíceps y el braquial para doblar el codo y los estabilizadores de espalda y pecho, para que el hombro se mueva correctamente.

Cómo ha cambiado todo. Hubo un tiempo en el que me sentaba en el sillón, descolgaba el auricular y marcaba una secuencia de números de memoria. En un hueco del día negociado sin mediar palabra, porque esas palabras se guardaban para el momento litúrgico en el que un cable te ataba a un espacio en el que podía no haber intimidad. Podía estar sonando la tele de fondo, con tu padre viendo el fútbol gritando “falta” y mamá cosiendo preguntándole “qué es eso del fuera de juego”. La charla telefónica tenía que fluir igualmente. Ahí nacieron los mensajes encriptados, donde se sucedían una serie de claves y contraseñas, que hacían que "amante" fuera "pino" y el cigarrillo se transformara en un lápiz. Exhalábamos inquietudes y aspirábamos sueños, manteniendo prendida la llama de la amistad en esas larguísimas conversaciones, que finiquitábamos con un "nos vemos en la plaza de la iglesia" o un "hoy no puedo, tengo que estudiar".

Sí, los tiempos han cambiado, pero la pulsión humana de hablar y escucharnos no. Por eso estamos aquí.

Cuando nos subimos a un escenario, los artistas siempre pedimos y/o esperamos que se silencien los móviles para no interrumpir la actuación, como un gesto de respeto a los que abrimos nuestros corazones y nos desnudamos en escena, ya sea para entretenerles o conmoverles, o ambas cosas, que no son incompatibles. Ahora me da cosica pedirles que lo hagan porque ¿y si con ello les impido hablar con un buen amigo?... Pues que le den y que llame en otro momento, porque ahora lo que toca es estar muy atentos a… EL PRIMER CAPÍTULO DE “EL NUDO GORDIANO”.

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El nudo gordiano. Un podcast cómico-filosófico